Antes de que HidraLaguna fuera lo que es hoy, nuestra historia comenzó con un taller lleno de hierros, un Porsche Carrera con un alerón gigante y muchas horas de trabajo
Mi padre Jaime, un tipo de esos que nació sabiendo trabajar duro, ya reparaba cilindros hidráulicos en una empresa de Rubí desde los 27 años.
Yo tenía unos tiernos 7 años y a veces le acompañaba algún sábado cuando iba a hacer horas extra.
No tenía especial interés en aquel enorme taller lleno de hierros, pero sí que me llamaba la atención el Porsche Carrera con un alerón gigante del dueño de aquella empresa.
Empresa que, con la crisis del ‘90-’91 quebró.
No sé qué fue de aquel Porsche, pero sí que te puedo contar qué fue de mi padre.
Cuando lo despidieron, recibió una llamada inesperada:
El ingeniero de la empresa le propuso que se asociara con él para seguir trabajando junto con otro mecánico.
No era una llamada al azar
Llamó a mi padre porque era el mejor en su profesión.
Mi padre, eso de ser socio o empresario no lo acaba de ver.
Pero como buen animal de carga criado en un pueblo del Bierzo, vendimiando en edad de descubrir que no todo lo que se levanta al alba es el gallo, y dando de comer a cochinos, gallinas y arrancando patatas todas las mañanas antes de ir a lo que él llama la Universidad de Valtuille de Arriba (sí, casi como los del Fairy), sólo sabe que tiene que currar y llevar un sueldo a su casa.
Así que se lía la manta a la cabeza y acepta sin darle demasiadas vueltas.
Nace su primera empresa 2radi (Doradi) junto con otros dos socios.
Mi hermano Javier no tardó en unirse a la fiesta. A los 12 años empezó a ir al taller algunos sábados.
La mayoría de críos de esa edad estaban jugando a fútbol en la calle. Pero a él le encantaba ir al taller y estar entre hierros.
Tanto, que a los 14 años empezó a trastear en la empresa y a los 16 ya estaba trabajando a jornada completa como uno más.
Combinaba el trabajo con una formación de FP superior sobre mecánica y desarrollo de proyectos mecánicos. A esa edad ya era tan bueno, que hasta sus profesores le pedían que reparara alguna máquina del instituto y les enseñara a los otros alumnos.
Resumiendo mucho los siguientes años, en el 2000 sale el socio ingeniero de la empresa. Sobreviven como pueden durante la crisis del 2008-2010, y unos años después llega la hora de que el socio mecánico se jubile, quedando solo mi padre como único administrador de la empresa.
En ese momento, mi padre le propone a mi hermano montar una nueva empresa como socios, contratando a uno de los trabajadores (tornero) que llevaba con mi padre desde que ambos tenían 27 años.
Ya sabes: montar una pequeña empresa familiar es mucho más romántico.
Así nace la pequeña HidraLaguna en 2013
Les va tan bien, que necesitan contratar más gente para dar abasto a todo el trabajo que tenían.
Ahí entran a trabajar mi hermana Aida en administración y mi hermano Ramsés en la parte comercial.
En 2017, necesitaban comprar alguna máquina más y acabaron comprando una empresa. Como cuando vas a por pan y, ya de paso, compras un croissant de chocolate para tu peque que te está poniendo ojitos. Pues lo mismo: compraron una empresa.
Máquinas, trabajadores, cartera de clientes, compra de materiales, facturación… todo fue un x2 de la noche a la mañana.
¿Y yo?
La verdad, a mí no me veían el pelo por ahí. Hice mi carrera como ingeniero por mi cuenta mientras iba esquivando los intentos de mi padre para que me uniera al negocio familiar.
Pero en 2022, cansado de trabajar en una ingeniería multinacional y aburrido del sector en general, decidí formarme sobre gestión de negocios y entrar en HidraLaguna con el objetivo de ayudar a que la empresa siguiera yendo tan bien como en sus mejores tiempos.
Hoy, mi hermano Javier y yo (Aitor) estamos al frente de HidraLaguna tras la jubilación de nuestro padre
Javier es el cerebro técnico de la empresa y da gusto ver cómo trabaja y cómo domina su profesión. Te bastará hablar con él cinco minutos para saber que tus cilindros no podrían estar en mejores manos.
Yo me encargo de que todo funcione como un reloj, y juntos mantenemos viva la filosofía que nuestro padre empezó hace décadas:
Hacer las cosas bien, sin atajos y con pasión.
Así que, si tuviera que decirte qué nos hace diferentes, te diría que tal vez sea que llevamos la mecánica en la sangre.
O tal vez que nuestro mejor anuncio no está en la tele, sino en los talleres de quienes confían en nosotros.
Por eso seguimos aquí, más de 30 años después, reparando cilindros como si nuestra reputación viajara dentro de cada uno de ellos.
Cuando vengas a nuestro taller no verás un Porsche Carrera con un alerón gigante en la puerta, pero sí veras a personas que convierten cada reparación en un ejemplo de trabajo bien hecho.
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